El momento perfecto no existe para nada y muchas veces hay que darse un ultimatum y decir: Ahora o nunca y cumplir tus sueños. Eso es lo que le ocurrió Ana Vidal, una mujer de 47 años, casada y con dos hijos. Supe de ella a través de una amiga y cuando me contó su historia no dudé en escucharla . Charlé un poquito con ella y me regaló un precioso relato de su vida que escribió a conciencia durante una semana. Me pareció tan real, bonito y tierno que me ha resultado complicado cortar y adaptarlo.
Ana ha hecho dos viajes en solitario en su vida: uno cuando era joven y otro este año. Este segundo viaje me parece especialmente importatante. Tiene lugar en un momento vital en el que muchas mujeres de nuestro país son incapaces de tomar esta decisión. Las obligaciones que nos autoimponemos, el «que dirán» y el no permitirnos disfrutar hace que nos resulte complicado.
No fue un viaje realmente sola porque fue con una ONG y a mitad de viaje se unió su hermana. Aún así fue un viaje sin su familia, saliendo de su zona de confort y respetando sus deseos, que es de lo que se trata realmente.
Ana habla con mucho amor de sus familia y a la vez lucha por su independencia y por cumplir sus sueños cuando lo considera prioritario. De joven, lo hizo en su primer viaje. Ahora ha repetido, en el que ha considerado » su momento perfecto». No parecía el momento oportuno debido a su situación familiar pero era: Ahora o nunca.
LA VIDA DE ANA : PRESENTACIÓN
Ana vive en Las Matas, un semi-pueblo en una zona acomodada de la Comunidad de Madrid. Me cuenta que está casada con Ronnie . Me dice que es un hombre maravilloso de nacionalidad australiana, nacido en las Islas Fidji, de madre fijina y padre americano.
Ana tiene dos hijos adolescentes. «Mi magnífico Ethan de 17 años que estudia en Inglaterra y mi preciosa Ema de 14 que estudia en Las Matas» .
Estudió Diseño en Interiores hace muchos años y se siente muy afortunada porque siempre ha trabajado en ese campo. Sus dos pasiones son viajar y la montaña, las dos, heredadas de sus padres.
PRIMEROS PINITOS VIAJEROS
Sus primeros pinitos en cuanto a viajes se refiere fueron en su época de estudiante: mientras estudiaba la carrera. Aprovechaba los veranos para ir a trabajar a Estados Unidos, dando clases a niños de diferentes edades, culturas y condiciones sociales en un campamento en un parque nacional en California .» Aquí empezó mi independencia, con 20 años, yendo sola el primer año con una organización. Llegué el primer año a Nueva York y ni siquiera sabía cual era mi destino, pero daba igual… estaba de viaje… estaba de aventura… allí conocí a Ronnie, mi marido».
«Al terminar la carrera con 22 años, tuve dos opciones: irme con una medio beca a una universidad en Louisiana (EEUU) a seguir estudiando o irme de año sabático a trabajar de lo que fuera a Australia con mi entonces novio (hoy marido). Obviamente, elegí lo segundo. Pasé un año en Australia de camarera en un restaurante español sirviendo paellas y algún trabajo ocasional de “lo mío”.
PRIMER VIAJE SOLA
«Allí realicé mi primer viaje realmente sola. A la aventura total, una mochila, un billete de autobús con dirección al norte y toda la costa este de Australia esperándome. Me fui porque necesitaba aclarar ideas.»
Ana nos cuenta que fue duro pero en cuanto se quitó el miedo inicial, empezó a disfrutar.» Fue la primera vez que de verdad, hice lo que me dio la real gana, sin tener que contar con nadie… »
Viajar sola te da esa libertad y esa independencia tan difícil de conseguir y que es tan necesaria para conocerse una misma.
LA VIDA SIGUE….
«Me casé con 25 años en Camorritos, Cercedilla (con Ronnie claro) y decidimos volver a Australia, hasta los 31. Allí nació mi hijo mayor y antes que cumpliera el año, nos volvimos a España».
«Y empezaron los años de la maternidad, lactancia, colegios, parques, no dormir, etc… que disfruté pero los recuerdo realmente agotadores».
«Al volver a España empecé a trabajar de freelance y monté mi propia empresa. No veía compatible la maternidad con los espantosos horarios laborales españoles.
LLegó el momento: Ahora o nunca ¿Por qué quedarse con las ganas de cumplir un sueño cuando no se tienen todos los ingredientes?
Ana ha amado la montaña desde pequeña y su gran deseo era ver los Himalayas.
«Ronnie sabía de mi deseo de ver las montañas más altas del planeta. Pero como es transplantado, no nos animábamos a hacer un viaje al tercer mundo para evitar riesgos.
Hace tres años Ana conoció en un mercadillo de Navidad a una mujer inglesa que quería organizar viajes solidarios. Le encantó pero tardó 3 años en dar el gran paso e ir a Nepal sola.
«Hasta ahora me había parado el apego a los niños y el creerme indispensable, pero de repente vi que ya habían crecido. El mayor ya estaba estudiando fuera de casa y tanto Ema como Ronnie no hacían mas que animarme. Me decían que ellos iban a estar bien y felices (y descansando también sin la mandona de la casa detrás de ellos). Así que se alinearon todos los astros y di el paso.»
Era su momento: Ahora o nunca y tanto Ana como su familia fueron muy valientes en dar este paso.
«Un momento de gran incertidumbre porque Ronnie se había quedado sin trabajo y estaba empezando a buscar otro. Pero algo me dijo que a la porra con todo… a ver Nepal…a dejar de pensar en los demás primero..»
«Mis padres se quedaron asombrados al principio pero enseguida me animaron.»
Ana había tardado tres años en decidirse. Cuando lo tenía todo preparado, parecía que todo se iba a truncar, pero gracias a su marido y a su familia, siguió adelante. Se dio prioridad, algo que cuesta muchísimo para la mayoría de las madres y persiguió su sueño.
VIAJE A NEPAL
Nepal es un lugar que sin duda ha marcado a Ana. Es un país que le engancha y le hace sentir feliz aunque se encuentre entre suciedad y miseria.
Estuvo tres semanas en total, dos enteras en la aldea de Nangi en la zona de los Annapurnas y otra de viaje. Con ella viajaban una periodista de 54 años, su hijo de 25, la mujer inglesa de 56 y su hermana que se unió al cabo de unos días.
( Si aún no estás acostumbrada a viajar sola, es muy buena opción dividir el viaje y estar una parte acompañada y otra sola. Esto hace que te sientas con más fuerzas si tienes reparo a enfrentarte a tu soledad. Saber que en unos días vas a estar con caras conocidas es reconfortante).
Nangi » es un pueblín metido en las montañas a 2.300 metros de altitud. «Es Básico y rural. Es como viajar en el tiempo 100 años, y al mismo tiempo el sitio mas lujoso para el alma en el que nunca he estado. Cada mañana madrugaba y tomándome un cafetito con leche, disfrutaba del Annapurna South (8.059 metros) y el Daulaguiri (8.105 metros). Nos hospedamos en el “Community Lodge” (albergue) y nos cuidaron a las mil maravillas «.
«Cada uno aportábamos los que podíamos. A mi me tocó dar clases de inglés en el colegio a los niños». «Hablaban poquito inglés pero eso no fue dificultad alguna, nos entedíamos. Les encantaba enseñarme nepalí y se morían de risa al oírme pronunciarlo».
LAS MUJERES EN NEPAL
Ana también estuvo con mujeres y comprobó lo diferente que es nuestra situación en este continente.
«La sociedad nepalí está regida por hombres. La mujer ocupa un segundo plano como madre, esposa, cuidadora, cocinera. Aunque a la hora de cargar con fardos de hierba recién cortada, todos son iguales. Desde jóvenes hasta mayores siguen realizando este trabajo igual que un hombre».
Al viajar sola y tener tiempo para la reflexión pudo compartir algunos ratos con las “mujeres tejedoras” del pueblo. Ana se sentaba con ellas a coser y aunque no hablaban el mismo idioma, el hecho de estar juntas, ser mujeres y compartir una actividad hacía que se rieran, sin necesidad de dominar el idioma.
Para Ana ha sido un viaje muy enriquecedor y tenía que realizarlo sola. Un viaje en el que se ha integrado con las mujeres y en el que ha vivido experiencias que le han hecho abrir los ojos. Una de las cosas que más le impactó es lo vulnerables que son debido a lo aislados e incomunicados que están.
» En Nangi hay un hospital con un médico y dos enfermeras. Por su aislamiento, este hospital es muy básico y solo trata atención primaria y primeros auxilios en caso de emergencia. Al vivir allí te das cuenta que si realmente tienes una emergencia sanitaria, tienes un problema. No hay carreteras (solo una pista forestal impracticable cuando llueve mucho con la que tardas de cuatro a siete horas para llegar al pueblo mas cercano) y un helicóptero tardaría una eternidad en llegar.
Ana cuenta que para las mujeres este aislamiento supone una complicación extra, sobre todo en el embarazo. «Cuando las mujeres se quedan embarazadas al quinto mes se tienen que mudar a ciudades como Beni o Pokara. Alí esperaran a que nazca el bebé porque sería una complicación de otra manera».
UN SUEÑO HECHO REALIDAD
Para Ana ha sido un sueño cumplido, un renacer que le ha llegado en el momento adecuado. Un sueño que su familia ha sabido respetar aunque no pareciera el momento idóneo.
Ana anima otras mujeres a que den este paso, a que se separen unos días de su pareja. Dice que es mano de santo, que vuelves relajada y mentalmente descansada. Aunque se ha atrevido a separarse de su familia, lanza la pregunta de si es egoísta, pero yo pienso, al igual que ella, que no, que es todo lo contrario. Hacer lo que a hecho ella es quererse más a si misma y sentir un amor absoluto hacia los tuyos.
Con este viaje Ana, ha cogido fuerzas y quiere volver a Nepal. Ahora quiere subir mucho más y acompañada sola por un guía.
Espero que hayáis disfrutado tanto como yo de la vida de Ana y de este maravilloso viaje . Me encantaría que os sirviera de inspiración para viajar sola cuando el cuerpo os lo pida.
3,2,1. Al agua trentis





